-Ángela Sánchez Neiza-
Allí estaba Ari, pensativa, ida, sumergida en su mundo interior, ese mundo que podría explorar a través de aquella ventana, un universo lleno de colores, de ilusiones, en el que ella era la escritora, la narradora y la protagonista.
Desde aquella mirada todo era una oportunidad maravillosa, una experiencia profunda y enriquecedora que le pedía a gritos disfrutar. Se sentía liviana, con ganas de saborearse más y ser todo lo que su corazón anhelaba y le pedía.
Recordaba todo con amor, lo bueno y lo no tan bueno, pero ya eso no le producía dolor, sino, por el contrario, la llenaba de satisfacción y esperanza.
Todo había valido la pena, porque el sentido de la vida era ella misma, era la huella que dejaría cuando volara a ese mundo que contemplaba detrás de la ventana.

