Ángela Sánchez Neiza
Abrió suavemente sus ojos, sentía el cuerpo ligero y vacío, buscaba estremecerse, pero la quietud y el silencio no se lo permitieron, podía ser el primero o quizás el último instante de su vida, cualquiera de los dos le hubiera parecido perfecto e infinito.
Su mirada buscó la ventana en medio de una enorme serenidad, y fue allí donde lo encontró todo y se sintió nada, la vista de aquel amanecer era como un cuadro en movimiento al que cada quien le daba forma.

