–Ángela Sánchez Neiza–
Me resulta interesante reflexionar sobre cómo podemos llegar a encontrar y gestionar de manera coherente lo que pensamos, decimos y como actuamos, es algo que al leerlo se entiende e interpreta como algo sencillo, pero la realidad es que llevar estas tres premisas de la mano es un verdadero desafío y un trabajo que requiere no solo de constancia y buenas intenciones, sino de un arduo entrenamiento en auto-conocimiento y aceptación, primero para entender y comprender porque pienso de una forma, actuó de otra, y digo lo que considero va a ser bien aceptado ante los ojos y prejuicios de la sociedad.
Esto de la coherencia debería plantearse como algo más natural y como algo auténtico que nos hace únicos. Sin embargo, nuestra especie se ha desarrollado en un hábitat donde los pre juzgamientos, los tabúes, los estereotipos, por no entrar a hablar de las religiones, culturas e ideologías que nos caracterizan y nos clasifican, hacen que la tarea de intentar ser coherente entre lo que pienso, digo y como actuó sean una verdadera proeza como propósito y practica.
Pero ¿y si lo intentáramos? Seria esa la respuesta o tal vez el camino para encontrar el tan anhelado equilibrio que todos deseamos experimentar. Podría ser el punto de partida para entender primero porque yo como persona tengo un pensamiento, intento darle sentido, luego doy mi apreciación y paso a la acción. Es algo que de nuevo se lee como algo sensato, sin embargo aplicarlo en cualquier escenario de la vida por simple que sea resulta muchas veces contradictorio y complicado.
Así que este será uno de mis grandes retos para el 2021, intentar que mis pensamientos vayan acorde con mi comunicación interna y externa y las acciones que llevo a cabo. Me gustaría experimentarlo en todos los aspectos de mi vida, y considero que el primer paso sería evaluar y reflexionar sobre la forma en la que interactúo con mi niña interior, junto a ella estoy convencida puedo formar el mejor equipo de trabajo para llevar a cabo mi misión.
Mi reflexión con esta lectura va dirigida a todas aquellas personas que inician el año con algún tipo de propósito, cualquiera que sea, grande o pequeño, lo importante es no dejar de soñar con lo que nos produce felicidad, visualizar que cada día podemos pensar, transmitir y actuar para mejorar nuestra calidad de vida emocional, profesional y social. Intentemos por un momento escucharnos a consciencia, es decir, sin respuesta o pre juicios, dejemos que nuestro yo interior fluya, y nos enseñe a fluir con él para confiar y asumir que siempre podremos llegar a ser lo que de corazón anhelamos.
Una vez finalizada la reflexión, que tal si empezamos con una pequeña acción, no esperemos a lo extraordinario, ¡hagamos una suma de extras de todo lo ordinario!.


