-Ángela Sánchez Neiza–
El voluntariado es una magnífica representación de como su nombre lo indica, poder realizar una acción de manera voluntaria. Hay muchos tipos de voluntariado, pero quizás todos vayan enfocados al mismo objetivo, solidarizarnos con nuestros semejantes.
Esto a simple vista resulta lógico, el querer intentar ayudar y empatizar con nuestros semejantes, pero la verdad es que es una gran responsabilidad. Por una parte va de la mano de un gran sentido de pertenencia y capacidad para ponernos en los zapatos del otro, y por otra parte comprender que todos hemos necesitado o necesitaremos algún tipo de ayuda en algún momento de nuestras vidas, más aún cuando ese tipo de solidaridad se convierte en un acompañamiento emocional.
Así es, ahora satisfactoriamente podemos hacer este tipo de voluntariado, para darnos cuenta que más allá de realizar una acción en pro de los más necesitados podemos ofrecer algo que nos viene muy bien a todos, ser escuchados, sin juzgar, dejando a un lado las comparaciones y etiquetas, algo muy sencillo pero a la vez un gran reto, escuchar con el corazón abierto y compartir experiencias.
La fundación en la que realizo esta labor como voluntaria tiene como objetivo ofrecer acompañamiento emocional a personas mayores en situación de soledad, algo que seguramente muchas personas como en su momento yo, no teníamos suficiente información sobre este tema, y es una realidad a viva voz que sigue oculta por diferentes razones.
Sin embargo, no vamos a entrar en muchos detalles sobre el tema de la soledad y abandono que sufren las personas mayores, mi interés en esta oportunidad es describir la experiencia de poder hacer parte de un proyecto que es maravillosamente terapéutico, tanto para el voluntario como para la persona que recibe el acompañamiento. Es una experiencia inmensamente enriquecedora por muchas razones, entre ellas, porque te abre la mirada hacia una etapa de la cual no somos conscientes hasta que ya estamos en ella, la etapa de ser adultos mayores, no es tomar conciencia para dejar de vivir y disfrutar el presente que es lo más valioso y real que tenemos, sino tomar conciencia de que las personas mayores merecen tener y jugar un papel importante en la sociedad, la misma sociedad que los ha desplazado una vez finalizan su vida laboral o productiva, esa misma sociedad que se encarga día a día de hacerlos sentir como una carga.
En la fundación “Grandes Amigos” el objetivo principal es brindar acompañamiento emocional a todas aquellas personas que por diferentes circunstancias tienen poco y en algunos casos nulo contacto con la sociedad, se encuentran en sus casa o residencias destinados a una rutina en las que muchas veces solo hablan con el televisor, la radio o con algún objeto por no perder la costumbre de expresarse.
La labor del voluntario en este tipo de proyectos es tan importante como gratificante, porque cuando hablamos de voluntariado solemos pensar en el voluntario como la persona que aporta y sirve a quien lo necesita, y las personas que tienen acceso a este servicio son las que reciben. Pero, en el caso del acompañamiento emocional esta premisa se queda bastante corta, ya que en un acompañamiento emocional el aprendizaje es 100% recíproco.
Basta compartir un rato con alguien a quien le ha vuelto la ilusión narrando cualquier historia o anécdota de su vida o tal vez le encanta dar un paseo y echarle una vista al barrio, tomar un café y sentir que el calor humano de nuevo le rodea. Basta con mirar sus ojos llenos de sabiduría y verse reflejado en ellos para tomar consciencia de que quizás algún día seremos esos mismos ojos y agradeceremos infinitamente realizar cualquier tipo de acción que demuestre que el amor propio y el amor por los demás es lo esencial en la vida.
Estas palabras podrían llevarnos a reflexionar y crear la iniciativa justo ahora que estamos pasando por una circunstancia excepcional a nivel mundial, para abrir nuestro corazón y activar más y mejor nuestra escucha con la familia, amigos, pareja y porque no con cada persona que nos encontremos en el camino. El voluntariado es una oportunidad inigualable para conocernos, aceptarnos y así mismo amar y aceptar a nuestros semejantes.
“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.”
Madre Teresa de Calcuta


